sábado, 12 de noviembre de 2011


DELUXE: LA ENTREVISTA RÍO A AL BANO



A estas alturas aún no sé si este señor se llama Al Bano o Albano. Cualquiera de los dos me parecen nombres maravillosos, pero yo le voy a llamar AlBano, porque lo de Al podría interpretarse como una caída en el cliché. El tópico es muy difícil de evitar cuando un italiano acusado de malos tratos hace entrada en un plató vestido con un largo abrigo y un sombrero blanco de ala corta.

Entró Al Bano del bracete de Juanjo Perona, que se ha ganado la confianza del italiano y parece que le cuenta cosas y es su secretario en España. En el plató, Albano viste de oscuro y luce unas gafas de montura dorada, que a las personas cuando cumplimos una edad nos gustan las cosas doradas. El oro del otoño, será. Me fijo en que tiene los nudillos pelados y mi sagacidad se dispara: humm, peladuras de nudillo de hombre colérico que la emprende a golpes contra las paredes, pero pronto pienso que puede ser sólo un problema epidérmico. Así veo la entrevista: tenso, como un televidente juez. Debatiéndome.  

En el plató hay una buena organizada. A los habituales del Deluxe, se le unen, como un DEC colindante, otra mesa con más colaboradores. Entre ellos está Beatriz Cortázar, que es aquello a lo que aspiraba Lydia Lozano antes del caso Ylenia. ¿Y Lydia? Su silla está vacía. Ella aparece en un set televisivo situado en ‘un lugar indeterminado de Madrid’, maquillada muy fuerte, con el pelo muy tieso, como un testigo protegido del italiano temible. Luego emiten unas imágenes en las que se evidencia el paso del tiempo y en una de ellas aparece Lydia entrevistando a Linda Christian, la suegra de Albano, con un vestido blanco de enormes manchas negras. Un increíble vestido de vaca.



Albano tiene algo de Ostos, quizás porque jorgeja ostosifica a sus invitados hetero, pero a medida que se sucede la entrevista va quedando claro que Albano es un señor muy poético que llora hacia adentro, que cantaba con Romina en los ochenta una Felicitá velada de tristeza, que cita a Sócrates, que reconoce haber agredido a su esposa con caricias, besos e invasiones de amor y que considera que el amor es un hermoso y milenario jarrón roto de imposible recomposición. Habla de unos problemillas con la hierba de Romina que por lo visto se liaba unos porros de vez en cuando por influencia materna. Cuenta cosas de su cuñada, que es algo poco elegante, la verdad, y nos hace saber que era vegana pero que luego se comió su placenta y nos hace estremecernos, comprensivos, cuando le imaginamos en Nochevieja con un cuñado de nombre ‘Siervo que corre contra el viento’. La experiencia de los cuñados acerca a las personas.



En un momento de la entrevista, se levanta albano y reproduce junto a jorgeja las patadas que le daba a Romina y resultan ser las patadas que daba Lina Morgan.

Albano, exhausto, protesta: ma cuando finisce questo programa, pero antes le hacen cantar. Su voz nos suena a programa de José Luis Moreno, a pura infancia. Una voz cálida, emocionante. Albano es la circularidad de un cancionero: de Nápoles a los teatros de ópera y luego, vía canción melódica, de nuevo hasta la calle. Un Francisco más emocionante, quizás, más romántico.

Al terminar, el público, espontáneo y bárbaro, le grita ¡tú sí que vales! Y Albano responde, perplejo. El público es como los niños, hace lo que le enseñan. Estamos muy cerca de escuchar este grito en el fútbol y quizás suene en Génova, la noche de los loden largos.

Cuentan de nuevo el episodio de Ylenia, que se parece a una subtrama de Treme. Los colaboradores se posicionan del lado de Albano, y todo se remata muy moralmente acusando a Romina de jipismo. De hecho, aparecen imágenes de un hijo de ambos que tiene toda la pinta de allen Ginsberg. Kiko y Jimmy –quién te ha visto…- poco menos que acusan a Romina de sesentayochismo y una psiquiatra, que no enseña el título, alude a un cuadro psicótico.

En la bunquerización del famoso, cuando hasta Rociíto va de Greta Garbo poniéndose la mano en el careto ante la lente paparazza, este dúo aún se deja hacer, cantando la de pimpinela por los platós. Su relación es un trozo de carne en medio de un desierto con cámaras. Jorgeja hincha el labio superior, se reclina en el brazo de su putitrono y deja que se lancen centellas sonoras de subrayado dramático y quizás su arte de la entrevista sea el verdadero interés del programa. Entrevista y directo. Dos géneros de mitad de siglo que a veces van cayendo en desgracia. La entrevista, el descubrimiento de una intimidad por la vía persuasiva. La exclusiva menos violenta, dialogada. Jorgeja se acerca al entrevistado, baja el tono y consigue un clima de confidencia. Belén se calla, porque sabe que la entrevista admite solo una individualidad, solo una historia.

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