martes, 12 de junio de 2012


EL SÉPTIMO DE RAFA

Rafa Nadal ha ganado su séptimo Roland Garros, siendo un verdadero detalle de humildad que en ninguna de las siete ceremonias haya pronunciado Roland Garros como lo pronunciaría Juan Adriansens. Con este triunfo, nos ha obligado a todos a ir a la wikipedia para buscar lo de heptacampeón y además ha superado a Björn Borg, que definitivamente pasa al olvido pop donde poco a poco se le irá confundiendo con uno de los de ABBA.
Tras la victoria y coincidiendo como ha coincidido con el rescate bancario, en las cláusulas del mismo debiera fijarse que los bancos españoles tuvieran terminantemente prohibido buscar a Rafa para sus anuncios, porque él es demasiado bueno para ellos y para los políticos, que lo utilizan recurrentemente como si se tratara de una parábola bíblica. Rafa es demasiado bueno hasta para nosotros.
¿Quién ganaría en una partida hipotética entre el mar y Rafa desde el fondo de una playa de arena batida? Nadal parece invocar algún mito que los griegos no pudieron acuñar. Rafa parece una máquina mitológica, como si algún dios golferas hubiera tenido una noche loca en Mallorca y se le hubiera castigado con una eternidad de raquetazos. Rafa tendría un origen mitológico y los Nadal serían su familia adoptiva.
Rafa tiene una dimensión física, que es su brazo, que viene a ser lo mismo que el muslo de Cristiano. Para vencer a Djokovic ha tenido que llegar a instantes de agresividad que casi desarman su imagen de dulzura. En las instantáneas de sus golpes parece un luchador de pressing catch, fibrado y demente como la peña de mi gimnasio.
Pero Rafa es ante todo una cabeza distinta. El otro día un taxista –a los taxistas les obsesiona Rafa porque en el taxi se suda como en Roland Garros- empezó a hablarme de él:
-Toda la vida con la misma novia, ¡qué cojones tiene ese muchacho!
Cualquiera de nosotros hubiera cambiado, todos seríamos un poco Feliciano. Es más, ¿quién de nosotros resistiría sin subir a la red? ¿Cómo lograr esa agresividad reticente de su juego? Rafa no sube a la red ni aunque le tiren mil duros, pero es que no se despista nunca. Yo no puedo ver sus partidos porque antes del primer set ya estoy de los nervios, moviendo el pie como Belén Esteban cuando le mencionan a la Campanario. En lo que dura un punto yo he mandado dos sms y me he metido tres veces en twitter.
Rafa tiene una concentración de opositor a notarías del XIX y la única manera de acabar con su hegemonía sería regalarle un iphone. Ese equilibrio psicológico quizá descanse en su tic de pellizcarse ligeramente los gayumbos. Muchos han querido corregirlo, pero si dejase de hacerlo ¿acaso no se desmoronaría su concentración prodigiosa?
Uno se queda de piedra pómez cuando lee sus entrevistas y descubre que lo que más le gusta hacer cuando deja el tenis es pescar. Tras mantener el pensamiento en suspenso durante meses –la conciencia de Rafa es como una geisha-, sentarse ante el mar escuchando el rumor de las olas, como si estudiara el rival perfecto y la forma de forzarle un error.

                      (Publicado en LAGACETA el 12-VI-12)

domingo, 10 de junio de 2012



ESPAÑA 1-ITALIA 1. MI VERDAD



Llegaba el debut de España tras el trauma del rescate, mientras Nadal pegaba raquetazos como un ser mítico. Españoles en Polonia, público del que viaja con la selección, con la impresión de ser todos del pueblo de Manolo Lama. Rajoy en el palco, recién llegado, viviendo todo con mucha intensidad, enrabietado quizás de tanta quina internacional.

El previo de la Eurocopa se ocupó del nueve y Del Bosque, con su coquetería de canciller del colesterol, lo tuvo claro: huir del debate y salir sin nueve. Algo de genialidad tiene, porque al final del partido la cuestión estaba resuelta y parecía que España había ganado una certeza.

Salió España con los dos mediocentros más Xavi, Silva, Iniesta y Cesc de falso nueve, aunque podría decirse también que Alba era  falso tres, Arbeloa falso dos, Piqué falso cinco... Era todo una flotación homofílica, porque no es que no hubiera nueve, es que tampoco había extremos. Fue otra vez rozar el absurdo de la posesión, llevando este deporte a una rara indagación de sentido.

¿Y si todos fueran defensas? Eso ya lo intentó Clemente. El pensamiento español a lo mejor está haciendo con el fútbol lo que hicieron los alemanes con la filosofía.

El ataque español era ir subiendo un pequeño encima del otro, como castellers, un asedio infantil de la alacena imposible y alta de la mermelada.

En ese comienzo, los jugadores barcelonistas evidenciaban  cansancio. Su centrocampismo acabó el año anémico, blando y Cesc, especialmente, parece sufrir el mal del versátil, que es serlo todo y nada.

Era como si el cansancio de Pep se les hubiera contagiado.

Una España sin nueve era, desde luego, una España humilde, porque el nueve es un cierto carácter. En Italia, por ejemplo, juega Balotelli, que parece que nació negro de tan chuleta. Él, loco iracundo, forma junto a Cassano, loco feliz, una delantera desvinculada e impredecible. Balotelli es una lucha personal, Cassano el puro juego.

Las cassanatas evolucionan hacia una madurez feliz, de loco simpático a lo Mastroianni.

La primera parte acababa cero a cero, con algo de peligro por parte de Iniesta y un futuro tan incierto como el color de pelo de Sergio Ramos, que hoy parecía escocés (el fútbol ha llegado a un punto en el que si se le pice a un futbolista que no “pierda tono” en verano no se sabe qué se le está pidiendo).



La segunda parte empezó algo mejor, aunque sin cambios.

-Esto mejora, ya tenemos ensanchados a los italianos.

El tiquitaca, al parecer, es una larga dilatación del rival.

Prandelli sacó a Di Natale por Balotelli, que se quedó viendo el partido en el banquillo como si le acabaran de hacer una felación.

Y di Natale, que junto con Giovinco forma la auténtica delantera italiana y tiene más peligro que un político en una caja de ahorros, nos marcó el primero desmarcándose maravillosamente tras pase de Pirlo. Ante Íker, ajustó mucho la pelota al palo poniendo una cara de sicario calabrés. Luego lanzó pistoletazos al aire, loco de contento. Eso es un nueve.

Del Bosque siempre acierta en los cambios, decía el locutor ¿y cómo no va a acertar si los hace siempre tardísimo, cuando la realidad se ha impuesto sobre las cosas como un telón sobre un escenario? Además, apareció su flor, la gardenia que don Vicente tiene en el trasero, porque cuando estaba ya tramitada la sustitución de Silva, el del City dejó un gol hecho a Cesc, que llegando batió a Buffon, porque lo mejor que hace Cesc es llegar.



Con Navas y Torres España ya tenía argumentos y Xavi e Iniesta empezaron a poder dialogar. Torres hizo algunos desmarques desgarradores sobre la ya dilatada Italia. Está “el niño” en un momento raro en el que le sobra potencia, potencia desbocada, y le falta confianza y esta mezcla le da a su fútbol un algo paradójico y desequilibrado, casi cómico. Irrumpe como un Drogba sobre las jugadas, pero como si se hubiera olvidado de ser Torres y las jugadas no las llevara ni remotamente pensadas. Se ha desnivelado Torres hacia una fisicidad ciclamen, pero ciclamen es flor, no lo olvidemos. Un poderío blanco, afásico, morón.

La Eurocopa va a ser Xavi con Iniesta descubriéndole a Torres la idea.

España pudo ganar, pero no, para qué. Del Bosque, que no llega a cansarse de sí mismo como Pep, ha encontrado el once y quizás ha permitido alumbrar dos axiomas para el tiquitaca científico español:

Uno. Se puede jugar un fútbol éticamente irreprochable (primera parte), pero si el público no vibra (segunda) no será “buen fútbol”. El fútbol (oh, Pep) es una música y el logro es el baile del rival.

Dos. La posesión es posesión-para. Siempre tiene que haber un elemento distinto con el que el poseedor dialogue. La posesión sin más entristece. La posesión requiere de lo distinto: ¡la negritud de Keita! ¡la ruptura química de Messi! ¡la felicidad roedora de Pedrito! La posesión, el tiquitaca, es una inducción pues, una instigación.

sábado, 9 de junio de 2012





RUSIA 4-CHECOSLOVAQUIA 1. MI VERDAD



Ayer comenzó la Eurocopa. No vi el primer partido, pero el segundo me pilló esperando en la barra de una taberna, la Taberna Che para más señas, que es una de las pocas que resisten en Valencia el embate de las franquicias. Fotos taurinas, motivos regionales e incluso un breve santuario dedicado al Levante, que es algo poco habitual en el centro. En la barra, yo esperaba alargando una caña frente a un tirador de cerveza enorme y metálico con la forma de las Torres de Serrano, de la mítica marca de cerveza Turia, que es una de los vestigios del entrepeneur valenciano de antes, ya pura materia sentimental. Cualquier cosa diseñanada hace décadas nos parece Bauhaus, pero ese tirador era como un mausoleo cervecero.

¿Cuánto vale y quién rentabiliza el poder económico de una marca extinta? Es un fonde de negocio que se convierte en arte y nostalgia.

En el bar faltaba Rosita Amores, con su escote articulado y quizás una foto del Titi. Existe sin embargo un bar así. Está situado en la zona de Cánovas y en sus paredes rinde homenaje al artisteo valenciano del franquismo. Reina allí la copla, la canción melódica  y los viejos tiempos de Ruzafa siguen presentes en una galería de retratos con enormes tetas, tupés a lo Escobar, entre castizos y americanos, y mucho caracolillo relamido, como una corchea estampada en la frente. El establecimiento lleva tiempo anunciando su liquidación y sus retratos tienen un resonante misterio, mayor que el de  las desvaídas estrellas que la Mostra acuñara en el Paseo Marítimo, rutilantes recuerdos de un star system menos misterioso.

Irse de Valencia, vistas así las cosas, será un esfuerzo por recuperar algún tipo de memoria, pues se trata de una ciudad devastada por la inanidad.



En la barra contemplaba yo las evoluciones del Rusia-Checoslovaquia, instado por la necesidad de conversación del dueño de bar. Tardé un cuarto de hora en saber quiénes eran los rusos.

Rusia vapuleó a los checos con un gran poder de resolución. Payluchenko -la misma cara de otras eurocopas- y su pareja en ataque eran como jugadores de balonmano, altos, anchos y dueños de un latigazo que llegaba a la red con mucha violencia. Estos rusos parecía que llegaban con una cuenta pendiente continental, como muy en serio.

Contragolpes conmocionantes me parecieron los suyos y sus celebraciones demasiado carentes de sonrisa. Gritaban enrabietados, con su melancolía nihilista. En la grada, las monumentales rusas iban acompañadas por sus maridos, ataviados con camisetas de marineritos.

En ese atuendo no sé si estaba la minoría de edad política, la ironía eslava o el amenazador recuerdo de la posibilidad de una movilización inminente y putinesca, pero así vestidos, los rusos dulcificaban el recuerdo del careto de ruso potentado y petrolero y nos enseñaban quizás el humor de allí, aunque el humor de aquí no necesitara muchos apoyos:

-Esa rusa está potenkim.

Czech, desorejado, recogía uno por uno los balones con su chichonera de haber salido del dentista. Esa chichonera suya, con hielo, podría patentarse como un remedio contra la resaca.

Rusia entraba bien por la izquierda con el lateral Zhirkov y poco más. Cada vez más, los laterales son argumento ofensivo, algo que dice mucho de la pobreza del fútbol actual. El ataque es como un proceso geológico de formación de espacios para que aparezca, sorprendente y muy incisivo, el lateral atropellado a decir algo sobre el gol. La consolidación del carrilero quizás sea el hecho más importante que nos haya sido dado a ver a nuestra generación.

El fútbol era un coñazo espiritualizado a veces por Arshavin, al que parece que siempre le acaban de abofetear por una cuestión de honor -¿o será más bien un rubor adolescente, como una culpa original que a él no le remite?-

El otro camerero, uruguasho, me informaba del calendario deportivo por venir: ya hay deportes hasta el inicio de la liga.

Reconfortado, como si me hubiesen dado una moratoria crucial, solicité otra cerveza. Al lado de la caja registradora había otro motivo de nostalgia. Una máquina antigua con las pesetas y sus céntimos bien labrados en cobre. Entre la abigarrada memorabilia, esa caja registradora de los tiempos de maricastaña, metálica y robusta, gritaba cosas que mi pobre inteligencia sólo podía presentir.

viernes, 8 de junio de 2012


LA MIRADA DEMODÉ

Tras debutar con Hugo Boss, Xabi Alonso ha roto a modelo. Es difícil no coger una revista en la que no aparezca mirándonos. Tras ensayar durante años su mirada de agrimensor por los campos, lleva ya un tiempo en que al lanzar una falta parece David Gandy, el modelo de Light Blue de Dolce & Gabanna, protagonista de ese anuncio en que una pareja salta al agua para besarse luego en una roca solitaria. Xabi pone los brazos en jarra, mira y luego hace el despiste coqueto de mirar al lado contrario, donde en lugar de una rubia rendida quizás esté Marcelo ensortijando un rizo. Xabi nos mira en las revistas y no sabemos si nos quiere meter un pase al hueco o está ensayando con nosotros alguna forma inconcreta y aleatoria de seducción.
Y encuentro yo en esto una intensificación demodé de la mirada, porque lo que se estila desde Zoolander y la autoconciencia del modelo tras el estallido ochentero y la consagración de lo top en los noventa es no mirar tanto. Estamos en la postmodernidad de la mirada, en la relatividad blanda del mirar y el propio Gandy (apellido glorioso que convoca lo gay y lo dandy) mira bellamente, con una profundidad ligera y azul, viril y determinada, pero desde una suavidad sin rol. El hombre viril-víctima, un escalón por debajo de Draper. Es una virilidad, digamos, consentidora, que admite ser objeto y la pasividad de que ellas asuman el mando.
Con Gandy se recupera una virilidad que sabrá ser dócil. Mirar firme, pero dúctil, ofreciendo el material fungible de los ojos.
Vivimos en la época de la mirada ligera y ahora llega Xabi Alonso a llenar de erotismo su fútbol con una mirada yacaré de llevar gabardina y nos sentimos extrañamente convocados a algo que cansa sostener. Yo no pienso mirar así a nadie, por mucho que se empeñen. Cada vez que una mujer me dice que tengo los ojos bonitos parpadeo un rato como Shirley Temple, pero luego recupero la tranquilidad inconsciente del parpadeo, porque no hay nada tan pesado como ser consciente de la mirada. Mirar es como respirar y a veces nos olvidamos de hacerlo de forma natural y podemos acabar guiñando el ojo enloquecidamente, como rehenes de un tic nervioso, que es como acaban muchos seductores a los que luego tienen que enseñar a parpadear.

Si Xabi sigue mirándonos así le va a salir un orzuelo y se va a acabar perdiendo algún partido de la Eurocopa.


Una de las cosas más difíciles de vivir en sociedad es mirar. Hay quien mira como si los ojos fueran una brasa ardiente, quien mira como Robert Mitchum en la cola del pan.
A un poeta que a saber cómo miraría a su sargento le tuvieron que decir en la mili:
-       No me mire ud. así, pollo, que la mirada delinque.
Pese a todo, Xabi Alonso es un gran valor nuestro y puede que tenga una utilidad estratégica dado el reconocimiento internacional de nuestro centrocampismo. Quizás podría Soraya llevárselo de gira como a un galán domado: “Tras prometer el penúltimo ajuste, en garantía de seriedad y buen hacer, va a salir Xabi Alonso y les va a mirar un rato”.


(Publicado en LAGACETA el 8-VI-12)

martes, 5 de junio de 2012




MIRE USTÉ

Hace poco escuchaba yo una entrevista radiofónica a un señor que con dominio y seguridad explicaba asuntos de gran oscuridad: los mercados, la prima, la crisis y el meollo de Bruselas. La pillé  comenzada la entrevista y no sabía de quién se trataba, pero tanto poderío me tenía intrigado. Dudaba de si fuera un político o un experto.
A medida que avanzaba yo me impacientaba porque el señor tenía una flema técnica notable. Era, digamos, la pachorra del entendido –el entendido no es lo mismo que el enterao, que es el tertuliano-.
Hubo, sin embargo, algo que me hizo sospechar. Un énfasis chuleta y maquinal. Cada intervención la iniciaba con un mire usté. Al principio no le di importancia, pero luego empezó a ser escandaloso
-          ¿Cree que los mercados se tranquilizarán?
-          Mire usted… tiendo a pensar que sí.
-          ¿Hay riesgo de rescate?
-          Mire usté, claramente no…
Ahí vi claro que solo podía tratarse de un político, si bien en su variante tecnocrática, porque era precisamente el mire usté lo que delataba a ese señor. El mire usté es un énfasis que paradójicamente estos políticos sueltan perezosamente, flemáticamente. Un énfasis antipático, además, porque cuando lo utilizan tiene ese vago matiz de “vamos a ver”, de reconvención, como si nos estuvieran sacando de un inmenso error.
Se trata de una expresión originalmente castiza, zarzuelera, que se oye mucho en el flamenco y que el político ha cogido del pueblo para su uso personal, quitándole todo el gracejo e invirtiendo su uso.
Es un casticismo engastado en el discurso plúmbeo del político disfrazado de hombre sin retórica. Pero de ese mire usté, dicho cansinamente, asoma precisamente su lado retórico, su cariz de vendeburras tras el disfraz de técnico. Además, ¿qué pasaría si trascribiésemos su discurso?
-          Que mire usté qué crisis tiene este país

Que sonaría a Zarzuela, que de ese mire usté nacería, transcrita, una zarzuela parlamentaria. Todo lo que se dice tras el mire usté será, lo quieran o no, materia zarzuelera. Achulapamiento delator y casticismo irremediable, irreductible.
En los debates encarnizados los contendientes se acaban pareciendo, convergen un poco, y ese mire usté Aznar lo imitó de González en los arduos debates del váyase, allí muta y se hace técnico y derechista y alcanza ahora el éxtasis alveolar de Rajoy, que lo ha llevado a una cúspide de finura.

Ese mire usté sevillano que Aznar tomó prestado de González, que tanta gracia tenía al decirlo, se desaló, se despopularizó, se secó por el uso aznarista, que lo amojamaba todo y ahora la derecha lo utiliza como yerta entradilla a un tema de oposición. Mire usté: y te largan entero el tema 326 de su temario.
Azorín amaba el énfasis elegante de Maura y a nosotros, que es obvio que no somos Azorín, nos queda el énfasis apagado, desfallecido del mire usté, que se ha descastizado en estos señores de la tecnocracia del diferencial. Aunque ya lo dicen los Punsetes: “ellos (los tecnócratas) siempre tienen razón, los números avalan su gestión; la tuya, no”.

               (PUBLICADO EN LAGACETA EL 5-VI-12)

viernes, 1 de junio de 2012




UN RATO DE TELE: APARICIO EN EL DELUXE



Julio Aparicio iniciaba su vida de civil en el Deluxe, que no es mal sitio. Le recibían con ovación y así le despidieron, como en desagravio por la bronca de Las Ventas. Jorgeja con patillas corto maltés parecía un picador pequeño y un poco picador era, pues se invertían papeles y el torero hacía de toro al que había que darle pases y  alguno llegó a tener al final, por más que durante gran parte de la entrevista pareciera una vaca reumática.

A Jorgeja le ayudaban Montero, otro con patillas; Lydia, de rojo intenso y Kiko Matamoros que, claro, de toros también sabe.

Julio Aparicio se retiró hace unos días. Toreando en Madrid le dio un arranque y se descoletó. Se quitó la coleta y parece que le crecieron los mullets. En realidad, lo que explicó es que no sólo se quitó la coleta, sino que ya antes, en la finca, se había cortado el pelo a sí mismo –un imposible-, dejándose una cabeza contracultural. Quizás quepa ver su retirada –digna espantá de su propio destino- como un acto más del proceso mayor de cambiarse el peinado, que es un tipo de crisis habitualmente femenina, pero no solo.

-Yo siempre he tenido mucho miedo.

Julio Aparicio se reconoce torero de arte,  irregular y deja caer que a su vida personal tampoco le es ajeno el petardazo.

-Un torero artista. De lo bueno, buenísimo a lo malo, malísimo.

 Miraba muy serio, alzando la barbilla, cerrando los ojos como miope avieso, haciendo a cada poco ese gesto tan taurino de sacar el mentón, la mandíbula. Kiko Matamoros le imitaba el gesto. Una reunión de toreros debe de ser como un club de señores a los que ahoga la corbata.

Antes de entrar en movidas familiares, hablaron de Ortega Cano, que ha sido su apoderado sin contrato. Sin hablar mal de él, tampoco es que hablara bien, pero tan amigos. Ortega llamó al programa para intervenir... e intervino. Ortega intervenia. Jorgeja,  quietísimo, bajaba los párpados pacientemente. Ortega seguía interviniendo. La voz, estropajosa. Aparicio miraba serio, muy serio, como si fuera el único que pudiera entenderle. Una carcajada en plató hubiera sido como una grieta en una presa de comicidad.

-Tratadme bien para que pueda ir contento al programa

-Yo toreo al aire, al viento

Aparicio viene de estar un invierno en el campo “matando toros y vacas, vacas y toros”, pero no se siente. Estar en el campo es un concepto que es mucho más que estar en la finca. Es como el retiro espiritual y la preparación de Rocky. Como Alí antes del gran combate africano. Una mezcla de naturaleza, toro y dieta dukan.  Estar-en-el-campo no es estar en el campo.

Tras Ortega, la cuestión familiar. Los periodistas apuntaban una posible bronca entre padre e hijo que habría acabado en denuncia. La razón sería que Aparicio habría sido desheredado. Siempre según los de la canallesca, Julio Aparicio habría reaccionado violentamente y después, con ayuda de su ayudante, se habría llevado cuarenta jamones y diez cabezas de ganado, como un inicio de recuperación patrimonial. Julio lo negaba, aunque de fondo se adivinaba una difícil y sopranesca relación con el padre.

-Entre mi padre y yo las cosas no están tan mal. Tenemos cochinos a medias.

El torero (jamás extorero) habló respetuosamente del padre y emotivamente de la madre, pero justo cuando le despedían alguien llamó a Lydia. Ésta se levantó, cruzó el plató, una música de intriga, un sobresalto: era la hermana dejando a Julio por mentiroso y a los Aparicio como un clan faulkneriano, “peores que los Ostos”.







-Que se busque un curro
Al final, Jorgeja despidió al torero dando entrada a unos imágenes de homenaje con detalles de sus mejores faenas. Las llamó “videoclub”, exactamente igual que las llamara Ruiz Quintano en su columna del día después del descoletamiento. Insospechadas (benditas) coincidencias.



UN RATO DE TELE: COSAS VARIAS





Viendo Sálvame. Ha aparecido en el plató Rafa Mora, con su timidez acostumbrada. Le han hecho un plano por la espalda y se ha podido constatar cómo le temblaba el pulso. Ese plató es como un coso para superdotados de la actitud televisiva. Kiko flota, Mila podría aparecer en rulos. También podría ser que llegara del gimnasio. Tras las pesas, a veces tiembla el pulso, destrozados los nervios por la brutalidad de la mancuerna. Es imposible imaginar a un pianista o a un cirujano haciendo hierros. Cada vez recelo más del vicio muscular. Habría que llegar a la perfección del fortalecimiento que no afectara a la raíz misma del tacto, al nervio del pulso.



Lo mejor del reciente Gran Hermano fue la frase que le escuché a Pepe, el ganador:

-Tú lo que quieres es hacerme un sonsaque.

Sonsaque. Averiguar, sondear, sacar con maña. Así más o menos se define sonsacar. Pepe resumió su talento con esa frase en la que recurría a una palabra deliciosa, en desuso, con la creatividad de sustantivizarla, desvelando el artificio y la estrategia subyacente de algún otro concursante. Su mezcla sorprendida, asustadiza, de estrategia y naturalidad lo convierten en el concursante perfecto, porque si hay algún valor que destaca en Gran Hermano es la autenticidad. Ser uno mismo. Convengamos en que es dificilísimo y que ya es excepcional que siendo uno mismo se guste al otro o se guste masivamente. Tiene Pepe el problema de que su mirada levemente ida, su acento y sus salidas verbales, tan superdotadas gustan, pero que desarman su credibilidad como bailarín. Al bailar le pasa lo que le
pasa al mundo del cante con chiquito, que muchas veces escuchamos a un cantaor y parece que imita a Chiquito. Pepe, bailarín un poco chiquitistanesco, tras la caída en desgracia de Cortés, Canales y de Ernesto Neyra (y no estoy comparando al colocarlos en la misma frase) es el bailarin flamenco que necesitábamos. España no puede estar sin un bailarín en el candelero. Necesitamos que en algún momento, en la actualidad, alguien sea capaz de  salir a taconear.



Gran Hermano 12+1 ha sido una gran edición, pero no ha habido histeria. La histeria la aportó Noe, a la que sometieron a un refinado sufrimiento psicológico y a un desagradable  juicio moral. Parece ser que sobre cierto nerviosismo suyo actuó luego el genio sádico del programa. Cuando ella de se defendió, Mercedes Milá, que parece que ha descubierto el sexo ahora, soltó esta joya:

-¡Oye, que la que te has metido en la cama de un brasileño has sido tú!

A mí Noe no me gustaba, era todo culo. Era una mujer excesivamente rizada y con un tren inferior desagradablemente desarrollado. A mí me gusta la mujer aérea. Había en ella algo demasiado playero y natural que no me terminaba-de. El caso es que la chica se enamoró del italiano, sin formalizar su amor, ni obtener un te quiero y después, en noche loca, se arrimó a un brasileño. Luego calló, por miedo a perder la estima fugaz del italiano, al que la distancia había espoleado; tras ello empezó a prorrumpir en histerismos, salidas de tono y arrumacos un poco excesivos. Loca por amor, como el personaje histórico, le empezó a sobrar a la organización. Arrojaba un halo de oscuridad sobre el elenco blanco de este año. A mí me pareció siempre que el italiano le echaba algo de cara y tenía un punto inhumano. Uno no puede estar un mes haciendo edredoning con una mujer sin prometerle la luna, pero el tipo no se salía de la amistad carnal. Yo creo que es sospechoso el individuo que en el amor no promete, el individuo al que no se le calienta la boca. El italiano (¡no me acuerdo de su nombre!) era un ser frío y la organización se puso de su lado, gélido y cordial, frente a la irracionalidad volcánica de Noe. Lo urbano contra lo natural, la cultura contra el instinto. Noe era una amazona de olas que cayó en GH y cuando enloquecía ¿qué hacía? ¡Se subía encima de un concursante como domando un toro bravo! Noe era surfera total, absoluta, full time, pero no lo comprendió nadie. Ella estaba siendo fidelísima a si misma. Qué hacen, se preguntaban todos con mohín de asco, y ella es que reaccionaba al dolor y a la incomprensión surfeando sobre los demás, porque coño, es que es surfera. Noe, si lo pensamos bien, fue culpable de amar y nos permitió un juego novelesco: vivir, omniscientes (verdadero GH), su propia mentira, mentira a sí misma y mentira al italiano.



Luego estaba Dani, el primer concursante burgalés de GH, una bella forma de pasar a la historia. Dueño de un portentoso flequillo en el que podía llevar el móvil y las llaves (¡flequillo mariconera!), entró  junto a Berta en la previa de la caravana y ella, por contraste, acentuaba su amaneramiento. Berta, todo labio, pómulo y melena, es mi tipo de mujer: la mujer que siempre parece que está poniendo el whisky-cola displicente. La displicencia ideal de la mujer es eso, ponerte la copa con un desaire. El ideal-camarera. Es más, la fantasía erótica perfecta debería ser que la mujer, la mujer de uno, le pusiera en la cama antes un combinado

-¿Qué va a ser?

-Un roncola

-Ocho pavos

-Dámelo todo, chata



El caso es que Dani entró junto a ella y sobre él cayó la filosofía de la sospecha, tan de aquí. Dani, brillante, era para mí un anticoncursante, porque en su inteligencia parecía que observaba él, no era en absoluto el concursante cobaya y se paseaba por la casa como por un plató, con una mordacidad muy jorgeja, aunque al final resultara excesivo. No daba Dani con la dosis justa de sí mismo.

Por tanto: hay que ser uno mismo, pero hay que serlo de un modo justo, exacto.

Un problema de GH ha sido el de las galas. Han sido bodrios a mayor gloria de Mercedes Milá. Quizás el mejor momento fue cuando ella se dejó tocar una teta por Danonino. Sin Jorge Javier, las galas de Telecinco tienden a ser previsibles. En realidad, a nadie le importa el curso del concurso (¡con-curso! EL concurso es eso, el programa con-curso, pero eso… ¿no es aburrido?). A veces la buena televisión se da por hecho, pero no la tenemos garantizada.


La buena televisión es como la democracia: un no parar, una lucha diaria, algo que nos tenemos que merecer.

¿Y si mi amor por la televisión dependiera de Jorge Javier y de la inquisición sentimental a Belén Esteban? ¿He dicho Belén? Queda por comentar su ruptura. Quizás en otra ocasión. La tarde está justo en ese punto –fruto maduro- en que todo comienza a desmoronarse. Mi fin de semana es una incógnita dulce que sólo puedo frustrar y su relación, vivida con cercana intensidad, me llega más adentro de lo que esperaba. ¿Estará Fran en el Rascacielos? ¿Imaginamos junto a él Aurelio Manzano? ¿Conocerá Aurelio Manzano su extraordinario simbolismo? Mejor será no hablar de esa ruptura. No jodamos el fin de semana con demasiada emotividad, pero ahora… ¿calle o estancia? ¿libro o neón?... En la eterna duda, la naturaleza proscrita de Noe y la perplejidad senequista de Pepe nos asisten: fidelidad a uno mismo. Pero claro, entre esos genios y uno (infeliz) media la distancia enorme, insalvable, de que ellos sí  saben, quijotescamente, quiénes son.